miércoles, 23 de abril de 2008

Ígneo

Qué es la llama sino una lucificación del interior, de lo esotérico, la némesis de lo arcano.
Qué es sino la revelación del mundo, la base de la evolución, el gen de la humanidad.
Qué es sino la representación del tiempo, la brevedad de la esperanza y la extinción de la imaginación.
Acaso no es más que la espera y la consumación, el símbolo de la siguiente oportunidad.
No representa acaso la mirada del abstracto, la intensidad de las entrañas del abnegado, víctima de su presión dérmica.
Qué más puede ser sino la fragilidad del consciente que avizora la vida ardiente de la materia.
Qué sino el elemento que marchita el tiempo en la hondura de la posibilidad adyacente al devenir de lo humano, la amante del éter presente en cada vahído del alma errante en el camino de la verdad, la puerta a la dimensión más propia o el espejo más concéntrico.
Tal vez la llama sea la presa misma de su propia erubescencia.

3 comentarios:

No soy yo, eres tú dijo...

qué ondas angel:

oye, pues te sigo viendo muy entusiasmado con la poesia. qué estas leyendo ahorita? qué poetas te andan interesando?

pd.- contestame esta vez mi compentario... porque nunka contestastas maldito...

Tintas de una Luna Serrana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tintas de una Luna Serrana dijo...

Gracias Ana. Últimamente estuve leyendo autores sonorense, pero ya deje de leer, y esperoescribir un poco durante las próximas semanas.