Ya tiempo cumplido, la hora llegó.
El mandato divino aparece,
odio, mal, la locura ensordece,
tal que el malvado su ira cegó.
Elegantes rosa y azucena
diseñas con tu discreta presencia,
mostrando tu magnánime excelencia
al humilde miembro de tu cena.
En el alma se oye tu canción,
oh, maldito sea quien te delató!
Tu verdad fue objeto de traición.
Así el indigno cayó en terror
cuando sin delito te condenó.
Fue tu muerte señal de luz y amor.
miércoles, 9 de abril de 2008
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