miércoles, 16 de abril de 2008

A orillas del lago me senté a leer

La oscuridad se disipó con los rayos de luz que por la ventana entraron a la habitación de descanso de Mr. Green. Sus ojos resintieron la claridad y despertó, miró el reloj y el curso de sus manecillas de izquierda a derecha. Notó que el día estaba avanzado, pero continuó acostado hasta no soportar el incesante “tin-tin” de un goteo que desde la bañera se escuchaba. De un salto se levantó y fue hasta la molesta tina, mirando ascender desde el fondo de ésta las gotas que se introducían al grifo, destapó la bañera para dar salida al agua, mientras se arremolinaba sobre el desagüe.

Mr. Green sufría una severa jaqueca consecuencia de la divertida noche anterior. En un recipiente con agua enjuagó su larga lengua y volvió a la cama. Después de unos minutos el teléfono sonó. Él permitió que la contestadora hiciera su trabajo. Lady Dragonfly dejó un mensaje con sentido de urgencia. El batracio se levantó croando de lamento, eligió su más elegante traje negro (para no variar, ya que este color realzaba su tez áspera y verdosa). Con premura salió de casa e impulsando en sus patas traseras se echó a andar. La noche anterior se sentía volar, pero hoy apenas percibía avance en su andanada.

D-Fly, así llamaba Mr. Green a la Lady, esperaba en una mesa para dos sosteniendo su humeante pitillo, una postal repetible en ella. Cuando Green arribó, fue donde D-Fly y tomó asiento. Se acercó el mesero y registró la orden: un “fly cocktail” y un “swampy water” para él y para ella sólo un “stench drink”. El Mister entregó un sobre a Dragonfly que ésta abrió. Las bebidas llegaron. Luego de par de sorbos, ella entregó un portafolio a Green, tomó un alhelí del flagrante centro de mesa, decoró con la flor su sombrero “snob” y dio instrucciones precisas a su acompañante. Le aclaró que no se verían hasta que todo pasara. Acabo su bebida, se despidió y se marchó. Por fin llegó la comida para el ahora abandonado caballero, pero éste mejor pidió su almuerzo para llevar. Tenía que descansar para cumplir efectivamente su encomienda.

Tres días después, D-Fly reposaba cerca del lago mirando la puesta de sol y fue interrumpida por su servidumbre para hacerle entrega de un boletín extra. Luego de leer con atención la publicación, encendió un pitillo mientras se preguntaba sobre su valor para mantener contacto con Mr. Green.

A la par del consumo del pitillo, el atardecer se extinguía y ella respiraba aliviada, como sí al ocultarse el sol, todos sus problemas se irían para siempre, y al amanecer llegarían una nueva libertad y una autonomía plena.

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