Tuviste razón.
Siempre ha sido así.
La música sonó
al compás de un corazón,
discreto, bajo un arnés
de osamenta.
Tras una coraza boreal,
híbrida de lamentos y placeres
inconsumados.
Mis cadenas se blandieron
y la apertura se gestó
afectando la postura
del inanimado.
Bienaventurado
quien soporta los visages
del dolor.
Manifiéstate ante mí,
que estoy herido.
Sospecho del oráculo
del destino, qué solo
presagia pesares.
Que el ósculo de la fe
roce mis labios.
Necesito volver al aura,
al sendero de donde erré.
Necesito la lúmina extinta,
requiero volver a vivir...
tal vez...está vez...no en mí.
martes, 8 de abril de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario